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Más de mil personas acudieron a la cita, que se desarrolla regularmente desde 1979, pero cuya historia se remonta a la Edad Media

Representantes de las autoridades se acercaron a la villa jacobea para disfrutar de todos los encantos que ofrece la Feria.

Representantes de las autoridades se acercaron a la villa jacobea para disfrutar de todos los encantos que ofrece la Feria.

Ángel Ayala

Raíz aparentemente humilde e insignificante, condimento indispensable en la dieta mediterránea, este bulbo de origen asiático y de la familia de las liliáceas es el protagonista de las XXIX Feria del Ajo de Castrojeriz, una cita que cumplirá el próximo año su trigésimo aniversario. Entre los actos programados la estrella de la feria es el concurso de trenzado de las ristras, en el que, a pesar de ser un oficio que habitualmente realizaba la mujer del productor, han sido los hombres castrenses los más participativos. Siendo una actividad que exige un alto nivel de destreza y agilidad, su secreto según los participantes y el jurado es que la ristra esté bien clinada, que el ajo no baile y quede tenso, que todos los bulbos miren hacia abajo y que estén rectos: «A la hora de trenzar el pulgar es fundamental» bromea David Varona, miembro del jurado.
Cuatro euros de diferencia de unas ristras a otras, dependiendo del tamaño de los ajos, la variedad y las cabezas que forman la ristra: dineta, de 15 cabezas; media, de 30 cabezas; o entera, de 60 cabezas, es lo que pudimos encontrar en los puestos del mercado, en el que tan sólo pudimos charlar con tres productores autóctonos, el resto, vecinos de los pueblos colindantes y otros dedicados a la compra venta: «Este año la cosa está floja, se conoce que hay crisis porque yo para esta hora el año pasado ya los había vendido todos», asegura Pablo Rodríguez, natura de Castrillo Matajudíos, que coincidió con el resto de cosechadores a la hora de apuntar que las lluvias han hecho mucho daño esta temporada. Ajo y agua, que diríamos. Y aunque con cerca de cuarenta grados de temperatura quizá una sopa de ajo no sea lo más refrescante, no quedó una gota de este suculento caldo para el que se emplearon 250 barras de pan de tres días, 600 litros de agua y más de cinco horas de elaboración, y sino que se lo digan a Flora del Río, de la Peña Virgen del Manzano, que guarda celosamente el secreto de la receta. Ni qué decir tiene que los 600 kilos de muslos que acompañados de un refrito de ajo, vino blanco y primienta, acabaron convertidos en un suculento pollo al ajillo, hicieron las delicias de todos los presentes. Y es que el ajo tiene su propia personalidad, su sabor inconfundible suscita simpatías y odios; cuenta con incondicionales amigos e irreconciliables enemigos. Propagandistas y ajofóbicos, ninguno puede negar sus poderes curativos y su lugar destacado en el refranero castellano popular como protagonista indiscutible de supersticiones y ritos ancestrales. De besos ni hablamos.

Fuente: www.diariodeburgos.es

Enlace: http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Provincia/20080720/abstenerse/vampiros/3D806250-1A64-968D-596406188E3137B2