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El vigía de los caminante
Amancio regenta El peregrino, una tienda que nació en Castrojeriz en el año 1899
Amancio Yágüez muestra el documento que certifica el
nacimiento del negocio familiar, el 31 de agosto de 1899.
FOTOGRAFÍAS DE VÍCTOR VELA
VÍCTOR M. VELA | CASTROJERIZ.
«Mira, te voy a enseñar algo que no has visto en tu vida», presume Amancio Yágüez cuando, de un rincón de detrás del mostrador, saca un documento enmarcado. La Compañía Arrendataria de Tabacos concede a Feliciano Rodríguez la potestad para comerciar y distribuir cigarros y cigarrillos. Y para que conste, la fecha del documento es del 31 de agosto de 1899. ¡Hala! ¿Y esto?
Pues esto es la partida de nacimiento de El Peregrino, la tienda que Amancio tiene en la Plaza Mayor de Castrojeriz y que hereda el espíritu de ese comercio que su abuelo Feliciano abrió a finales del siglo XIX. Y nació en este mismo local, el lugar que hoy ocupa la trastienda y que todavía conserva el mobiliario de aquella época, las estanterías, los anaqueles que sirvieron para despachar tabaco en aquel lejano 1899. La de hoy es una tienda más moderna, «aunque ya tiene sus añitos. ¿Cuántos crees?»
Y echo una vista alrededor para calcular. Sabiendo que voy a fallar. Me fijo en las baldas de madera que acumulan cajas de cartón con linternas, con navajas, con brújulas. En las apretujadas paredes que suman cajetillas de tabaco, pinturas de cera y maquinillas de afeitar. En la sonrisa traviesa que se adivina en el rostro de Amancio. «A ver, a ver. ¿Cuánto crees?».
-No sé. Cuarenta años.
Y fallo, claro. «¡Qué va, hombre! Esto ya tiene sus 60 años largos». Un negocio con solera que se ha adaptado a los nuevos tiempos. En un primer momento se llamaba Hijos de Pedro Yágüez, pero la familia intuyó el tirón jacobeo y decidió rebautizarla como El Peregrino. Exitazo. Hoy es parada habitual para muchos seguidores de la ruta de Santiago que aquí encuentran desde botas hasta sacos de dormir, desde cortavientos a calcetines. Todo lo que necesita el peregrino. El de ahora, vamos. Porque lo de antes era otra cosa. «Hace 60 años, cuando empezamos con este lado de la tienda, pasaban dos o tres peregrinos. ¡Al año! Nada más. Y venían vestidos normales». Ahora no, ahora el equipo es fundamental, explica Amancio en el último pueblo del Camino en la provincia de Burgos y con la sabiduría que da haber visto a muchos, a muchos caminantes. «Y de todas las partes del mundo. Bueno, menos de África. Una vez vinieron unos de Sudáfrica, pero del resto de países africanos yo no he visto nunca a nadie», reconoce. «Ahora hay muchos que lo hacen porque están en el paro». Y doy fe. En Burgos, por ejemplo, me crucé con varios peregrinos que salieron antes del albergue para sellar la cartilla. «Y luego están los que vienen a ligar». Sonrisa pícara. «¿Que cómo lo sé? Pues porque a veces ves cómo un español y una alemana te preguntan por un hotel y no van al albergue». Amancio guiña un ojo. Je, je. Después de tantos años, se las sabe todas.
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